Hablar sobre la marcha del los pueblos de tierras bajas que habitan el Territorio Indígena Protegido Isiboro Secure, es hablar en efecto sobre una demanda que salva guarda, a decir de los propios marchistas, su espacio de vida.
El gobierno por su parte desautorizo loteamientos, instauración de agroindustrias y establecimientos de colonos, principal causa de rechazo de estos pueblos indígenas.
Ahora bien, el mismo gobierno tiene claro el panorama, cuando habla de la construcción de más de 306 km de longitud en la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, asintiendo de esta forma al nacimiento de un nuevo polo de desarrollo regional, un nexo entre oriente y occidente.
El tipnis es pues, una de las reservas de biodiversidad más importantes del mundo, y hoy es el centro de atención para gobernantes, ambientalistas, medios de comunicación, en fin un problema transversal para la sociedad boliviana.
Proposiciones de uno y otro lado, de seguro cada una con sus propias razones, cada una demandando lo que en justo derecho le corresponde recibir y hacer.
Pero a estas alturas eso cuanta relevancia tiene, si las diarreas la deshidratación y las insolaciones se cobro la vida de dos niños en la marcha, y lo peor del caso es que se hable de ello de esta forma; ya van dos muertos por la marcha, como si serian necesarias u obligatorias, una especie de conteo lúgubre y lo peor pareciera que se puede divisar en el horizonte como un inminente infortunio.
¿Quién gana entonces? Las respuestas esta ahí, nadie ya se perdió dos vidas, dos vidas irrecuperables que a nadie le otorgaran victorias, ni meritos. Es entonces momento de declinar actitudes fundamentalistas, acidas y de nuevo tender puentes reales de dialogo y de consenso, y cuando se habla de dialogo, de hecho nadie gana y tampoco nadie pierde, aunque en este minuto la derrota por las muertes ya lleva 2 por 0 categórico.
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