miércoles, 31 de agosto de 2011

Mea Culpa


Hablar de octubre del dos mil tres es hablar, entre otras cosas, del cierre de un ciclo en la democracia boliviana, llamada de pacto, es hablar de la peyorización de las políticas tradicionales y el arbitrario ejercicio de poder a través de la fuerzas que hacen del orden un escarmiento, pero por sobre todo es hablar ,de cuanto están dispuestos a imaginar las y los bolivianos por hacerse escuchar ante los Olimpos gobernantes, y por ultimo  en que porcentaje son escuchadas esas demandas, cuánto se gana y cuanto se pierde.
Decir que la guerra por el gas comenzó  con el reclamo de sectores campesinos en Warisata exigiendo la liberación de su líder Edwin Huampo, encarcelado injustamente, o terminar por recordar que " la democracia estuvo bajo el asedio de grupos corporativos políticos y sindicales” como lo manifiesta la aborrecida, por muchos, carta de renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada, seria no mas que redundar.

Sin embargo es preciso definir si la reciente sentencia emitida por la justicia boliviana en contra de ex militares y ministros de estado, con condenas que van desde los 3 a los 15 años, ponen fin al largo camino que recorrieron las víctimas del luctuoso octubre negro boliviano, pero es aquí donde  surgen y ante la mirada confundida de las propias víctimas, más que interrogantes, una serie de reprensiones, ¿será que la sed de paz interna de los familiares fue saciada con dichas sentencias condenatorias? Y si en la visión colectiva esto representa el cierre de un capitulo; o por el contrario el inicio de un replanteamiento  aun más extendido en nuestra sociedad.

Y es que  el problema es transversal y salpica a cada uno de los bolivianos, a estas alturas todos debemos cerrar un paréntesis para evaluar cuanto aprendimos de nuestros muertos, y  cuan dispuestos están  nuestros gobernantes para evitarlos, será que hoy habitamos una ¿Bolivia mas pacifica? ¿Dejaran de humedecerse con sangre las expeditas calzadas de la protesta?
Caso contrario ninguna condena llenara el vacio que dejan nuestros ajenos mártires y se seguirán fragmentando las familias de uno y de otro lado, o es que acaso ¿olvidamos que los sentenciados también tienen familia?
Un mea culpa urgente reclama a los bolivianos, las volátiles victorias que otorgan las calles son siempre rebatidas con el luto insatisfecho de las víctimas.

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