Ignacianos que reprueban la protesta indígena porque consideran que pone en riesgo la construcción de toda la carretera
Sectores masistas bloquean la salida del pueblo para obligar a negociar.
El diálogo entre el Gobierno y los indígenas ha vuelto a naufragar. Después de Trinidad, San Ignacio de Moxos es el segundo escenario donde se frustra una iniciativa para reunir a autoridades nacionales y representantes de las naciones originarias. Al cumplir su quinto día de caminata, la columna de 1.100 marchistas se abrió paso en la capital moxeña y, desde su puesto de reposo, rechazaron sentarse a negociar con la comisión ministerial que llegó desde La Paz para resolver el conflicto provocado por la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio.
La presencia de los ministros de la Presidencia, Carlos Romero, y de Obras Públicas, Wálter Delgadillo, atrajo la concurrencia de diversos sectores de San Ignacio que se abarrotaron en la Escuela de Música de esa localidad. La mayoría se pronunció a favor de que el proyecto vial llegue hasta su pueblo, pero hubo diferencias por las posturas hacia la marcha indígena en defensa del TIPNIS.
“Nosotros vamos a ir al lugar que las autoridades regionales moxeñas han dispuesto para el diálogo. Si allí va la dirigencia indígena, entonces dialogaremos con ellos”, expresó Romero, al ser consultado sobre la posibilidad de dirigirse hasta la pascana de los marchistas.
Los ministros, acompañados por Luis Sánchez, presidente del Administradora Boliviana de Carreteras (ABC), se establecieron en el recinto parte de la mañana y toda la tarde, hasta el momento en el que se les comunicó que los indígenas no asistirían.
Alrededor de 50 efectivos policiales llegaron en la mañana al pueblo, destinados a la seguridad de las autoridades de Estado. Se alistaron pancartas con leyendas sobre el pedido de construcción de la vía. La mayoría de las tiendas cerraron, pues algunos dirigentes del pueblo resolvieron no venderles ni comida ni agua a los marchistas.
“No pueden impedir nuestro progreso, queremos carretera”, sostuvo Joel Villca, poblador ignaciano que entiende que la protesta de los originarios se opone a la totalidad del proyecto vial para vincular Cochabamba y Beni. “¿Por qué los cruceños son envidiosos?, ¿no quieren que salgamos adelante?”, dijo Jenny Zelada, otra vecina del pueblo, mientras cruzaba la caravana de originarios por la plaza central.
Los colores y la música de la bienvenida que dieron los macheteros moxeños a los indígenas contrastaron con los reclamos de otros vecinos ignacianos que reprueban la protesta indígena porque consideran que pone en riesgo la construcción de toda la carretera. Quince horas atrás, la noche de jueves, un grupo de dirigentes vecinales y de mototaxistas había puesto un cerrojo en la tranca de ingreso a San Ignacio.
Horas después iniciaron el bloqueo.
La presencia de los ministros de la Presidencia, Carlos Romero, y de Obras Públicas, Wálter Delgadillo, atrajo la concurrencia de diversos sectores de San Ignacio que se abarrotaron en la Escuela de Música de esa localidad. La mayoría se pronunció a favor de que el proyecto vial llegue hasta su pueblo, pero hubo diferencias por las posturas hacia la marcha indígena en defensa del TIPNIS.
“Nosotros vamos a ir al lugar que las autoridades regionales moxeñas han dispuesto para el diálogo. Si allí va la dirigencia indígena, entonces dialogaremos con ellos”, expresó Romero, al ser consultado sobre la posibilidad de dirigirse hasta la pascana de los marchistas.
Los ministros, acompañados por Luis Sánchez, presidente del Administradora Boliviana de Carreteras (ABC), se establecieron en el recinto parte de la mañana y toda la tarde, hasta el momento en el que se les comunicó que los indígenas no asistirían.
Alrededor de 50 efectivos policiales llegaron en la mañana al pueblo, destinados a la seguridad de las autoridades de Estado. Se alistaron pancartas con leyendas sobre el pedido de construcción de la vía. La mayoría de las tiendas cerraron, pues algunos dirigentes del pueblo resolvieron no venderles ni comida ni agua a los marchistas.
“No pueden impedir nuestro progreso, queremos carretera”, sostuvo Joel Villca, poblador ignaciano que entiende que la protesta de los originarios se opone a la totalidad del proyecto vial para vincular Cochabamba y Beni. “¿Por qué los cruceños son envidiosos?, ¿no quieren que salgamos adelante?”, dijo Jenny Zelada, otra vecina del pueblo, mientras cruzaba la caravana de originarios por la plaza central.
Los colores y la música de la bienvenida que dieron los macheteros moxeños a los indígenas contrastaron con los reclamos de otros vecinos ignacianos que reprueban la protesta indígena porque consideran que pone en riesgo la construcción de toda la carretera. Quince horas atrás, la noche de jueves, un grupo de dirigentes vecinales y de mototaxistas había puesto un cerrojo en la tranca de ingreso a San Ignacio.
Horas después iniciaron el bloqueo.

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